@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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La invasión de los temblones

06.08.2014
Pesadillas
  • política
  • sueños
  • temblor

La cuadrilla de defensa se organiza en el salón de casa, donde esta tarde nos reunimos una veintena de personas que esperamos con impaciencia a Jorge.

Jorge llega cargado con una saca llena de rifles y nos reparte uno a cada uno pero, conforme me tiende el mío, veo cómo le tiembla sutilmente la mano. A mí, que no se me da bien fingir, se me palidece la cara y cambia la expresión, puesto que el bueno de Jorge está siendo controlado por esa idea rara, que nadie sabe qué es, pero que causa que los cuerpos tiemblen.

Agarro el rifle y dudo por un momento en dispararle, aunque al final decido no hacerlo, que yo asesino no soy, y prefiero salir huyendo escalando por el ojo de patio. Tres pisos trepando por las rejas y aún me duelen los brazos y eso que esto ocurrió ayer y pasó en sueños.

De repente, estoy infiltrado en una reunión de magnates de algo en Nueva York, de esos que deciden el futuro de la Humanidad, donde todos ya tiemblan. Estos señores tiemblan mucho, tiemblan más que Jorge, tiemblan tanto que a algunos les salen disparados sus brazos y piernas y han tenido que cosérselos al cuerpo como mejor han podido.

Estos magnates discuten sobre si deberían tomar medidas para que toda la especie humana comience a temblar o bien si es suficiente con que sólo tiemblen unos pocos y estos exploten laboralmente a los que nunca temblaron.

Mientras elucubro cómo hacer frente a la amenaza, descubro que una mujer alta y delgada con el pelo corto intenta hacer como la que tiembla. Es otra infiltrada en la reunión, al igual que yo, y mira que hay personas en el mundo, resulta que es Rosa Taberner, una de las tres dermatólogas del MIR 2.0.

Rosa lleva puesto un aparato que la hace temblar y en el que cree que está la solución para salvar el planeta. Ella y yo nos reconocemos, me lleva aparte en la reunión y se dispone a explicarme qué debo hacer para terminar con esta locura.

Pero antes de que me explique su plan, le pido permiso para ir al cuarto de baño; que esto es un sueño, que son las seis y media de la mañana y que mi vejiga del mundo real se cree con el derecho de enviar también mensajes a mi subconsciente.

Junto a la pared del cuarto de baño está mi vecino José Antonio, que piensa que esto de que toda la humanidad tiemble es un error, que el acaba de ir al baño y que lo ha puesto todo perdido. José Antonio tiene la solución para terminar con el problema de la población temblante, que consiste en que todos, los que tiemblan y los que no, de repente se den cuenta de que todo es un sueño. A la de una, a la de dos y a la de tres.


Cuando abro los ojos, ya hay algo de luz en el cielo. Me gusta soñar con historias, sobre todo si estas tienen un final y especialmente si el final es bueno.

Mientras pienso sobre qué ha querido decir mi sueño, me doy cuenta de que el hecho de que toda la humanidad despierte de una vez de un disparatado sueño político y se dé cuenta de que estaba cometiendo un error no es un hecho poco común.

Se me ocurren decenas de ejemplos, tanto nacionales como internacionales, en los que poblaciones han otorgado votos de confianza a políticos con ideas ridículas y, de repente, a la de una, a la de dos y a la de tres, todos descubren que ha sido un error e intentan despertarse.

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Qué año tan raro éste

28.07.2014
  • blog
  • cumpleaños

Qué año tan raro éste.

Sólo hay dos cosas que puedo recordar: haber pasado muchas horas trabajando y haber jugado muchas horas a Pokémon. No me atrevería a decir si este año ha sido bueno o malo, porque un año no es una de ese tipo de cosas que se pueden resumir en términos como “bueno” o “malo”. Pero sí que ha sido un año jodidamente difícil.

Esta tarde de julio, mientras escucho Radiohead frente a mi ordenador, miro este blog con incredulidad: cada vez con entradas más separadas en el tiempo, como si ya no tuviera tantas cosas que compartir con el Mundo, y, yo me pregunto, todas esas inquietudes que yo tenía antes, ¿ahora dónde están?

Qué año tan raro éste.

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El arabesco imperfecto

16.06.2014
  • Arabesco
  • Debussy
  • perfección
  • piano

Una de las cosas que he aprendido en el último año es que mi vida no es perfecta y que está bien que sea así.

No soy perfecto en el trabajo; intento ser lo mejor que puedo, pero no soy perfecto porque resulta que los médicos somos humanos. No tengo la mejor Tesis Doctoral de mi promoción; no está exenta de esfuerzo, pero dista mucho de ser perfecta. No soy el mejor entrenador Pokémon de España; soy bastante bueno, pero cuando voy ganando una competición nacional, va y me gana uno de Portugalete. No soy el mejor nieto, ni el mejor hijo, ni por supuesto el mejor novio.

Pero sí hay una cosa perfecta en mi vida: una cosa que se mire por donde se mire no admite crítica. Es el primer Arabesco de Debussy, si se puede decir que es mío; aunque lo he escuchado tantas veces que hay algo de él que me pertenece.

Me refiero a que la versión de mi disco es la perfecta; mi interpretación no lo es. Me he esforzado en tocarlo, durante cuatro años y, como otras cosas en mi vida, jamás me saldrá perfecto. Sólo a la mente de un genio se le puede ocurrir tocar tresillos con la mano derecha y corcheas simples con la izquierda y sólo un pianista bueno puede interpretarlo.

¡Pero yo no soy perfecto, ni tampoco tengo que demostrarlo ante nadie! Así que esta noche, como homenaje a mi imperfección, y para regodearme de ella, les dejo con mi mejor versión de una obra maestra. Con todos ustedes, el arabesco imperfecto.

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